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lunes, 30 de junio de 2008

Pan y circo

Ayer dábamos por finalizada la Eurocopa, a la vez que coreábamos un ¡Si, si, si, la Copa ya está aquí! Se pone de este modo punto y final a tres semanas de espectáculo deportivo. Como escribí anteriormente, son eventos a los que nuestros medios de comunicación se encargan de promocionar con anterioridad a su celebración, el objetivo no es otro que asegurar el triunfo de las audiencias para lo cual deben crear un ambiente de expectación previa, y que todo ello garantice unas buenas cuentas publicitarias a través de anuncios, patrocinios, venta de productos, etc. Pero en esta ocasión la realidad ha sobrepasado la planificación.



Uno de los grandes triunfadores de esta Eurocopa ha sido Cuatro, la cadena de televisión, al igual que hubiera hecho cualquier otro medio, mantenía una previsión que les permitiera amortizar la inversión realizada a la llegada de nuestra selección a cuartos de final. Pero los chicos de la roja han querido más, en parte por su calidad técnica, su resistencia juvenil, y la estrategia de todo un sabio, el de Hortaleza; pero también han querido más como el joven que tiene la posibilidad de conquistar a la chica de sus sueños, y para ello no escatima en esfuerzos, ni en ilusión. Pues en esta ocasión en lugar de un beso lo que hemos logrado ha sido acabar con toda una historia de decepciones, con la maldición de los cuartos, y hacerlo ganándole en la final a toda una institución futbolística, la selección alemana, el equipo que más veces ha ganado el trofeo continental, y que posee tres mundiales.

Y alguien se puede preguntar, ¿qué quedará de todo ello? Pues a Cuatro, unas cuotas de audiencia sin parangón en nuestra historia, lo que se traduce en unos segundos de publicidad a precios desorbitados. O el orgullo de haber hecho celebres dos expresiones, la primera es algo que toda España ha asumido, y es que Podemos. La segunda hace referencia a un enclave, o hizo referencia durante la mitad del torneo, porque nuestro encuentro contra Rusia fue momento para que se retirara de los comentarios. La Plaza Roja, dejo de serlo, al menos explícitamente en los comentarios, para volver a ser la tradicional Plaza de Colón.





Como podemos comprobar todo responde a estrategias de marketing. Si el Podemos crea la necesaria expectación y la sensación de oportunidad histórica, el color rojo es la señal de identidad que nos identifica como grupo. Pero por qué dejar de usar la definición de Roja para el principal enclave televisivo, quizás por las connotaciones políticas que llevan a crear rechazo en un sector de la población, porque no olvidemos que en una estrategia como esta no se excluye a nadie. Así se evita cualquier elemento de confrontación que nos pueda llevar a segregar públicos objetivos.

Porque en cualquier faceta de nuestra sociedad podemos encontrar diversos bandos, muchas veces incluso enfrentados, pero en el fútbol no. Desde hace décadas que el propio Estado se encargó de implementarlo, el fútbol se ha convertido en deporte rey. Durante todo el curso estamos más pendientes de los movimientos en la clasificación que de las decisiones políticas de nuestros Gobiernos, y los torneos de verano copan más expectación que las cumbres internacionales. ¿Acaso no recordaba la instantánea del estadio vienés al coliseo romano de hace dos milenios? Presidiendo las máximas autoridades, en las gradas gente de toda condición, y en la calle encontrábamos como continuaba el interés. Todo un ejemplo de circo romano adaptado a nuestros tiempos.

Como mayor muestra de este espectáculo internacional tenemos los grandes trofeos como son el Mundial, o la recién finalizada Eurocopa. Son eventos a los que ninguna otra noticia les hace sombra, y que a diferencia de otras competiciones, no crean divisiones internas entre la población de los Estados. ¿Quién no iba con la roja en España? Paradójico, pero el fútbol es toda una droga que narcotiza hasta puntos impensables.

A modo de ejemplo, una imagen grabada en mi retina, en la noche de ayer. En la Fuente de las Batallas, enclave de celebración de las victorias deportivas en Granada, se daban cita miles de personas, especialmente jóvenes. Pues siento no haber tenido la cámara que retratara el instante, pero imaginad cual sería mi perplejidad al ver codo con codo, celebrando la misma gesta, a una persona que hondeaba una bandera tricolor, símbolo de un momento de esplendor de la democracia en España, junto a otra persona en cuyas manos portaba una bandera roja y gualda con un aguilucho en el centro, que representa algunos de los peores momentos de nuestra historia. Increíble como el sentimiento de ser miembros de una misma realidad les llevaba a olvidar diferencias tan importantes como son la defensa de diferentes modelos de Estado, el de la Segunda República, o el de la Dictadura Franquista.

Y al hilo de ello, quiero compartir una reflexión, la preocupación por la aparición de banderas, camisetas, y demás ostentaciones del franquismo cuando se realizan grandes concentraciones. Me surge un desvelo al ver como una serie de individuos precisan del anonimato que les otorga la masa para enorgullecerse de su ideología, y más aún al ver como, y no solo en Granada, son esos grupos los que realizan actos vandálicos cuya responsabilidad social recae entre toda la juventud, que es la principal protagonista de estas celebraciones.

domingo, 22 de junio de 2008

Verano, futbol y estudio

Llevo todo el día con la sensación de vivir un déjà vu. De volver a vivir los calurosos días de comienzo de verano que a la vez marcan el periodo de exámenes. Tras pasar horas inmerso en el estudio, ansío la llegada del ocaso con su moderación en los termómetros, y durante el día compruebo como la mente se traslada a la playa en cada momento de distracción.

El verano da sus primeros pasos, y tras una primavera de temperaturas agradables, la época estival se presenta con la severidad a la que los últimos años nos acostumbran. Pero no será el rigor de este clima el que nos deje durante estos días sin el ambiente para disfrutar del mejor fútbol plasmado en la Eurocopa. Como siempre los medios de comunicación han cumplido su misión durante las últimas semanas de crear expectativas en torno a la selección española. La roja, como en los últimos tiempos denominamos a nuestro equipo, tiene un papel protagonista en nuestros informativos y multitud de programas que desarrollan cualquier aspecto relacionado con la Eurocopa. Esto tiene su traslación en la ciudadanía con una expectación que desborda las cifras de audiencia de las retransmisiones en cada encuentro.

En este agregado tenemos campañas de difusión publicitaria de medios y empresas –sirvan como ejemplos, el despliegue de Zona Cuatro en Madrid, o el apoyo aparentemente ilógico de la Sexta a Portugal-, de promoción de la conciencia colectiva de la nación –por ejemplo, a través del recuerdo a incidentes del pasado como en el caso de Luís Enrique-, o de intercambio de culturas a través de los miles de españoles y españolas que durante estas semanas visitan Austria y Suiza, tiñendo de rojo sus ciudades, derrochando simpatía y convirtiéndose en nuestra mejor embajada.

Y todo esto puede que hoy llegue al final –aunque personalmente espero lo contrario-. La llamada maldición de cuartos nos lleva hoy a enfrentarnos a Italia, un equipo hacia el que la afición de la roja siente animadversión, alentada durante los últimos días por el deseo de vendetta expresado por periodistas y afición. La frase que tantas veces hemos escuchado nos hace temer lo peor. Jugamos como nunca y perdimos como siempre, se ha convertido en el epitafio de nuestra participación en los torneos internacionales.

Desde estas líneas, y a un rato del comienzo del encuentro, solo espero que en esta ocasión la afición española podamos ver a nuestros jugadores en semifinales –y por qué no, también en la final-. Y que el resultado sirva para que, pese a la petición de venganza que de modo irresponsable se haya lanzado, las aficiones italiana y española den un ejemplo de convivencia cívica y de espíritu deportivo.

Blogosfera Progresista