martes, 10 de febrero de 2009

Algo hierve en Génova 13

Fue Manuel Fraga quien puso en marcha aquella campaña de promoción del turismo que allá por los años ´60 señalaba Spain is different!. Y razón no le faltaba, porque son muchos los elementos que nos diferencian de otros países, desde los hábitos de lectura hasta nuestra crónica política.

Una de las características que podríamos destacar es nuestra ingente producción de tebeos, casi siempre con nuestro particular acento. Recordamos a esos personajes que desde sus viñetas nos hacen esbozar una sonrisa con una sola frase, parodiando situaciones de la vida real y ayudándonos a aprender a reírnos de nosotros mismos.

Seguro que aquel Fraga que nos daba un lema para la eternidad, en ningún momento se pensó que llegaría a ocupar una de las presidencias de ese Partido Popular que se ha convertido en una historieta. Ni tampoco creo que cuando Ibáñez esbozaba lo que ocurría en el número 13 de la Rue del Percebe, se imaginara que podría terminar dando ideas a los inquilinos de otro inmueble, el de Génova 13, sede principal del PP.

Y es que la crónica de lo que acontece en las filas populares durante los últimos meses cuanto menos es de chiste, aunque Mariano Rajoy y su gente estén echándose a llorar. Es cierto que una designación a dedo como la que situó a Rajoy en la presidencia del PP tiende a provocar enfrentamientos entre quienes pasan a liderar la organización y quienes se consideran con el derecho a hacerlo. Y buena muestra de ello han sido los continuos desaires entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón y a los que nos hemos acostumbrado.

Pero la cosa ya ha llegado a las páginas de novela negra que se esconden entre nuestros tebeos, aquellas que hacen una crónica de lo que acontece en la T.I.A. –Técnicos de Investigación Aeroterráquea-, esa parodia de la agencia secreta norteamericana. En los últimos días hemos sabido del particular servicio de espionaje puesto en marcha por Francisco Granados, a la postre Consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid y secretario general del PP madrileño –casi nada-. Toda una trama con ex-agentes de policía, dossier secretos, viajes por medio mundo, y todo ello con un doble objetivo: espiar a socialistas y espiar a populares –como si a James Bond le hubiera tocado lidiar no solo con el bloque soviético, sino también con occidente-.

Pero lo que resulta más curioso es como a la hora de exigir responsabilidades, ningún superior de Granados –entre quienes se encuentran Aguirre, Cospedal o Rajoy- saben nada. Es decir, no saben o tal vez tan solo se olviden, aunque teniendo en cuenta que alguno de ellos se ha visto como víctima, tal vez lo que ha ocurrido es que han metido al zorro en el corral.

Y la falta de conocimiento sobre lo que pasa en el PP no solo es aplicable a las instituciones donde gobiernan , sino también a la propia Rue del Percebe… perdón Génova 13, donde al parecer hay quien no sabe los negocios que se traen. Y es que mientras unos se dedican al espionaje, otros ven más provechoso el negocio fashion. Y utilizo estos términos porque he de reconocer que estilo era una de las cosas que tiene ese tal Francisco Correa. Ya nos hubiera gustado ver en nuestros tebeos nombres como Special Events, Orange Market, FC&S, u otras de las empresas que conforman ese conglomerado al que iban a parar miles de millones de instituciones gobernadas por populares, así como del propio partido para el desarrollo de compañas electorales.

Hasta nuestros amigos Mortadelo y Filemón pensarían que en todo esto hay algo sospechoso, aunque en este caso ha sido otro personaje de nuestra escena real el que ha descubierto esta trama, el juez Garzón. Persona que tantas pasiones como odios levanta, pero al que hay que reconocer la labor que realiza. Pese a las críticas populares que ponen el acento en que haya sido su partido el acusado –como si el delito lo hubieran cometido Zipi y Zape, para echarle la culpa a otro que pasaba por allí-.

Y en esta historia el último capítulo lo hemos podido vivir hoy, cuando Arturo González Panero, alcalde de Boadilla del Monte e implicado en el caso, ha mantenido en tensión al público sobre su dimisión. Veamos, por la mañana en Génova le anuncia a Granados –sí, él de antes, él de la T.I.A.- que pone su puesto a disposición del partido, mas tarde tras visitar al juez Garzón, el propio González anuncia que el sigue como alcalde, y por la tarde Aguirre decide que si no se va habrá que negociar con sus concejales para que lo echen. Toda una trama para una telenovela que esperemos se resuelva pronto.

Pero en fin, que podemos esperar de esta gente, que cuando en España nos encontrábamos desolados ante el mayor atentado de nuestra historia ellos andaban erre que erre con sus teorías. ¿Sería porque no deseaban perder el poder con el que tanto enriquecimiento obtuvieron, o tal vez porque era el profesor Bacterio quien les analizaba las muestras de ácido bórico?

Y por si fuera poco en esta casa que nos traslada el mundo de ficción a la realidad de nuestro día a día, la número dos del Superintendente llega y no se le ocurre otra cosa que posar ante las cámaras, tras haber criticado los posados de otras que no son de la T.I.A., aunque si fueran ministras y que de aquel modo pretendieron apoyar a la moda de nuestro país. Todo un hito que levanta ampollas, como si la señorita Ofelia no pudiera mostrar su atractivo, aunque mostrarlo sea algo que también haga hervir Génova 13.

martes, 3 de febrero de 2009

Una nota de humor de Wyoming

En multitud de ocasiones me resulta difícil elegir un tema sobre el que escribir. Siempre me saltan a la mente asuntos relacionados con la política local, con la internacional, o simplemente aquello que vivimos en nuestro día a día. Podría abordar una larga crítica al des-gobierno que está suponiendo el Partido Popular en el consistorio granadino, por qué no una reflexión sobre lo que a mi parecer supone la llegada de Obama a la Casa Blanca, o tal vez una narración en torno a aquellos aspectos de mi diario que sea interesante compartir.

Sin embargo, entre tantas noticias hoy, hay un tema que me resulta más curioso, quizás de menor entidad, y por supuesto más simpático. Se trata del ya famoso fake de Wyoming, ese montaje con el que la gente de la Sexta no solo ha conseguido aumentar la audiencia, sino además sacarle los colores a propios y extraños.

Como narran los vídeos, se trata de un montaje con la intención de desacreditar a quienes desde Intereconomía atacan a Wyoming y su equipo. Este canal de televisión se encuadra en grupos económicos de carácter neoliberal, y claramente al servicio de los intereses partidistas de la derecha española, o lo que es lo mismo para ellos, en total confrontación con todos aquellos medios de comunicación que en algún momento reconozcan una sola labor positiva de los ejecutivos socialistas.


En definitiva, quienes no han escatimado en poner en tela de juicio no solo la profesionalidad, sino también la ética de sus homólogos en la Sexta, han descubierto de forma impactante que se esconde tras Wyoming y su equipo.

Poner al descubierto la falta de rigor y seriedad de algunos periodistas que convierten sus platos de televisión en circos donde el insulto y la crítica son protagonistas es una labor que reconozco como loable. Pero si como en esta ocasión, además saben mezclarla con el humor, y añadirle la pizca de marketing necesaria para situarse en la cresta, la idea y el trabajo se convierten en una genialidad.