La industrialización española, al igual que la mayoría de los países desarrollados, se apoyo durante los dos últimos siglos en materias con un gran potencial energético para ese momento, y con una relativa accesibilidad, pero sin analizar en ningún momento lo que supondría su uso durante un largo periodo de tiempo. Ahora somos conscientes, cuando nos hemos convertido en esclavos de ese excesivo consumo energético y de sus consecuencias negativas para nuestro entorno. Y es en las últimas décadas cuando se ha puesto la mirada en nuevas formas de conseguir energía, planteando la necesidad de buscar fórmulas que no contaminen.
Al hilo de ello recuerdo la magnifica conferencia a la que asistí hace unos meses, por parte de Jesús Martínez, Doctor en Ciencias Físicas, en el marco de un Foro Progresista que se celebró en Andalucía. En su intervención no solo nos hizo un diagnostico de cual había sido la evolución y las proyecciones de cambio climático que padecería nuestro planeta, sino que se centró en las repercusiones para nuestra región. El calentamiento global provocaría la subida del nivel del mar haciendo desaparecer nuestra franja de litoral, llegando a inundar el Valle del Guadalquivir, y desertizando el resto de nuestro territorio. Las previsiones, de continuar a este ritmo, son de lo más pesimistas, pero es a lo que nos enfrentamos de no poner punto y final al crecimiento insostenible que hemos alcanzado.
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Y con su tono desenfadado nos trasladó a una Andalucía que desea perdurar como ese paraíso que reúne diversos climas, paisajes naturales, y donde multitud de especies animales y vegetales habitan. Una Andalucía que asombraría al mismísimo Don Quijote, quien seguro, en lugar de espanto, esbozaría una sonrisa al ver un ejército de gigantes campeando por nuestros campos. Si La Mancha fue testigo de las alucinaciones de Don Quijote, ahora es nuestra tierra uno de esos lugares en los que Don Quijote constataría la bondad del género humano.
Pensando en el legado que moralmente estamos obligados a dejar a las generaciones venideras -o en las consecuencias a muy corto plazo, para quienes viven en el egoísmo-, sentimos la necesidad de convertir en realidad ese escenario quijotesco en el que los molinos inundan el paisaje. Pero no contento con ello, Jesús Martínez también nos inspiro a plantar nuestra tierra con huertos, huertos solares. Y continuó mostrándonos unas costas en las que en lugar de volcar nuestra contaminación, extrajéramos la energía de las mareas. Una sociedad donde nuestra basura en lugar de perjudicar se convierte en biomasa, una nueva fuente de energía no contaminante.
Han sido todo un cúmulo de recuerdos los que se han echo presentes en mi mente cuando he visto ese trocito de papel haciendo referencia a las energías renovables. Y al levantar la mirada y mirar a mi entorno he sido consciente de la realidad que me rodea. Una realidad en la que cada vez más nuestra región apuesta por las energías renovables, situándose como un referente a nivel internacional, disminuyendo cada vez más nuestra dependencia energética de otras materias como el carbón o el petróleo. La Andalucía que mira al futuro es la que apuesta, y debe seguir apostando cada vez más por esa riqueza con la que ha sido obsequiada en forma de sol, viento, mareas...
Pero también tiene la obligación de presionar para que ese modelo sostenible se extienda, tanto hacia el exterior, a otras comunidades autónomas, y a otros países, como hacia el interior. No podemos mirar perplejos mientras los gobiernos de algunas de nuestras ciudades continúan adquiriendo vehículos contaminantes, apostando por el coche como medio de transporte, sin llevar a cabo planes de ahorro energético, sin aplicar la utilización de energías renovables, etc.
Ciudades como Granada ven cada mañana como una nube gris se forma sobre ella, una nube que los responsables locales ensimismados en sus despachos no ven, pero que desde las almenas de Sierra Nevada comprobamos como ensombrece nuestro futuro. Por ello quizás sea nuestra responsabilidad, la de las personas, provocar ese cambio de mentalidad en las mentes de quienes rigen el destino de nuestras ciudades.
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Un alto en el camino, unas horas en el tren son el tiempo que me permite sentarme ante el teclado para escribir estas líneas. Son muchos días los que he pasado cruzando Andalucía. Comencé en los días festivos de Semana Santa, conociendo una zona como es la costa atlántica de Cádiz junto con amigos y amigas. Tras mi paso por allí me veo obligado a recomendar la visita a rincones como Vejer de la Frontera, Caños de Meca, Medina Sidonia... Pequeños enclaves en los que sus paredes encaladas y sus estrechas calles, la hospitalidad de sus gentes y la tranquilidad que respiramos nos invitan al reposo sosegado, y especialmente, a quienes provenimos de grandes municipios a valorar la tranquilidad de estos pueblos en los que los ciudadanos del siglo XXI nos damos cita buscando el alejamiento de nuestro día a día repleto de ajetreo.
El lunes 13 de abril siempre lo recordaré por haber sido la puerta que me dio la oportunidad de ser participe de la 
Estos días han sido un ejemplo a la ciudadanía del valor que tiene nuestra juventud. Más allá del botellón o de la apatía social que protagonizan las noticias sobre la juventud se ha demostrado el trabajo responsable, la capacidad de diálogo, y el entendimiento basado en los consensos. Jóvenes agrupados en distintas formaciones políticas, con ideologías de lo más diverso, han sido los protagonistas de titulares sobre la aprobación de leyes como las de reforma del sistema electoral, descentralización de la justicia, o creación de un Consejo de las Autonomías. Una lección es lo que han recibido algunos de los responsables políticos de distintos partidos que nos han visitado estos días y que tras su interés descubrían la respuestas ofrecidas por los jóvenes a temas enquistados en el debate parlamentario real.
No solo la SICE ha sido parada en este periplo. La VIII Asamblea del
Y es que en contraposición a otros, nuestra organización comienza a rodar bajo los principios de planificación. El objetivo lo tenemos claro, recuperar la institución local para desarrollar políticas que vayan en beneficio de la ciudadanía. En cuanto a la forma de lograrlo existen quizás tantas fórmulas como voces preguntadas, pero algo tenemos claro, mientras Torres Hurtado sigue de Alcalde de Granada, cada día más ciudadanos y ciudadanas se sitúan en las antípodas de la política popular.
Y todo estos intereses respondiendo a un planazo, el que tienen entre otros populares su Presidente provincial, Sebastián Pérez, y que últimamente no le permite descansar tranquilo. Como constatación de ello la imagen de nerviosismo que ofrecieron en el pleno municipal celebrado el pasado viernes cuando fueron informados de la admisión por parte de Baltasar Garzón del expediente sobre Down Town Consulting y su contratación por parte del Ayuntamiento de Granada. El juez de la Audiencia Nacional incluía esta documentación en la instrucción del caso Gürtel, algo que provocó una ira desmesurada en Sebastián Pérez. Fue el momento en el que recurrió a la acusación como mecanismo de defensa, algo efectivo cuando no lleva a la persona a caer en el ridículo. ¿O acaso cree alguien que no es ridículo acusar al Presidente de la Diputación de acaparar cargos, por ser Presidente –como miembro nato- de todos los organismos y patronatos dependientes de la propia Diputación? Y todo ello al hilo de unas acusaciones argumentadas sobre su falta de disponibilidad para responder a las obligaciones de sus distintos cargos políticos:
Presidente provincial del PP de Granada, Senador en las Cortes Generales, Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Granada, Concejal de Presidencia y Relaciones Institucionales, Consejero Delegado de la Empresa de Aguas de Granada -Emasagra-, y Consejero Delegado de Unicaja.

















