domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad

Cuando Charles Dickens escribió allá por 1843 su novela tenía la intención de denunciar la situación en la que se encontraba la infancia en la Gran Bretaña industrial. Las diferencias sociales entre la burguesía y el proletariado se hacían más patentes aún entre quienes tenían menor edad y se veían en un entorno de mendicidad, explotación laboral, prostitución, etc. como reflejaban los informes del Parlamento británico con los que el propio autor se documentó. El propio Dickens pretendía adoptar una aptitud más idealista con los niños y las niñas apoyándose en el género de novela realista, para así acabar con los desequilibrios de la época victoriana.

Y mucho ha llovido –incluso nevado- desde mediados del siglo XIX, pero la situación sigue siendo similar. En esta primera década del siglo XXI hemos comprobado como quienes menos tienen han pasado su Nochebuena durmiendo con su descendencia en los pasillos de algún aeropuerto, como a cientos de familias se les ha desvanecido la ilusión al perder su empleo tras meses de impagos en sus nóminas, y como el viejo avaro sigue disfrutando de tan entrañables fechas mientras se regocija en su riqueza y poder.

Hoy, en su 67 cumpleaños, me gustaría dedicarle estas líneas a Gerardo Díaz Ferrán, quien en la actualidad podría representar los miserables valores de Mr. Scrooge, el protagonista de Cuento de Navidad. La gestión de una empresa puede llevar a un resultado indeseado como ha sido el caso de la compañía Air Comet, de la cual Díaz Ferrán era copropietario. Air Comet ha presentado un expediente que deja sin empleo a sus 660 trabajadores y trabajadoras, y ha suspendido su actividad dejando en tierra y sin el dinero de sus billetes a más de 7.000 personas, y todo ello en la víspera de Nochebuena. Siendo indulgentes podríamos considerar que la coincidencia de fechas no ha sido más que una calamidad para las personas implicadas, pero analizando los hechos comprobamos como no ha sido así.

Existía un plan que hubiera llevado a la compañía a continuar operando hasta el 10 de enero y que fue desechado por la dirección, pese a que hubiera permitido a todo el pasaje disfrutar de la Navidad con sus familias. Pero profundizando aún más en la gestión de los protagonistas de esta noticia, podemos leer como adeudaban el pago de hasta ocho nóminas a sus trabajadores, mientras ha liquidado más de
200.000 euros entre sus directivos. Como el propio Díaz Ferrán solicitaba hace unos meses al Gobierno, en el marco del acuerdo social con los sindicatos, que se les rebajasen las cuotas a la Seguridad Social en un 5% al empresariado, para descubrir esta semana como una de sus empresas, Air Comet, adeuda a las arcas públicas más de 16 millones de euros de esas cuotas.

Lo que más preocupa no es que Díaz Ferrán sea uno de los responsables de Air Comet, ni que sea la cabeza de un complejo entramado empresarial del que depende el empleo de miles de familias, sino que a la postre es el máximo representante del empresariado español. Como presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales –CEOE- es el interlocutor con los sindicatos y el Gobierno en un diálogo social tan preciso en estos momentos de crisis económica, y que ve deslegitimadas sus propuestas como consecuencia de sus actuaciones como empresario.

Haz lo que yo diga pero no lo que yo haga podría ser la frase de cabecera del máximo dirigente empresarial de nuestro país. Quien a la postre no considera oportuno siquiera mantener una postura de neutralidad política entre los grandes partidos, pese a su posición institucional, sino que claramente se decanta por uno de ellos, y en particular por sus tesis económicas. Sirva como muestra de ello su participación en el Consejo de Administración de Caja Madrid donde defiende tajantemente los postulados de Esperanza Aguirre.

Y es que economía y política siempre han ido de la mano, tanto como para que Díaz Ferrán considere la defensa de las propuestas populares como una obligación, y para el Partido Popular abanderar los intereses de los grandes capitales su compromiso. Aunque todo ello supone un menoscabo a quienes forman parte de la CEOE sin verse en ningún momento identificados por el Partido Popular, todas aquellas personas que desde sus pequeños y medianos negocios apuestan por otras formas que generen empleo estable, apuesten por la conciliación de la vida laboral y familiar, inviertan en la formación continua de sus plantillas, garanticen unas medidas de seguridad laboral, e incluso repartan los beneficios económicos entre los y las trabajadoras, etc.

Quizás porque Díaz Ferrán no llega a representar a todo el empresariado español, sino al parecer solo a un sector, o tal vez únicamente a sus intereses económicos personales, debería al igual que Mr. Scrooge en Cuento de Navidad, reflexionar y con el propósito de cambiar, de convertirse en una persona más generosa y amable, plantearse abandonar la dirección de la organización empresarial, escuchando la recomendación no solo de quienes se encuentran más cerca de él y se ven identificados en sus palabras, sino de la coherencia que le trasladan desde distintos partidos políticos, los sindicatos, o la propia opinión pública.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Anda que meterte con este pobre hombre, con lo que sabía el día del "Tengo una pregunta". Se lo sabía todo y lo decía con tal convencimiento que medio me convence. La pena es que unos días después dé la verdadera imagen.
Bien, Javier.
Rigoletto